Esta noche me visitaron las hadas, y sus manos blancas me llevaron con ellas,
esta noche fría de dulces momentos, sus luces encendieron el calor de una hoguera de hermosos recuerdos rotos.
Mi niña hermosa, ni niña del alma, tesoro de mi recuerdo callado, azul cielo de calido templo, cuándo vendrás tu a verme, como ellas lo hicieron,
amárrate fuerte a mis cenizas, espera sedienta el alma mía que sufre por no tenerte, por no verte, por esconderme entre las sombras, como mariposa de alas rotas.
Anhelo de mi recuerdo, anhelo del dulce sabor de tus labios frescos, olvidados como receta en el baúl del hechicero.
Manos mías, tuyas solo tuyas, acaricia mi recuerdo como música de viento, cansada de tanto dolor en tu pecho, ahoga en mi tus penas,
cierra las puertas al encierro, abre tu ventana al mundo, que yo te espero.
No me olvides amor del amor marchito, deja que sea yo quien ahora te cuide desde mi más profundo silencio,
deja que sea yo ahora el que camine a tu lado, sin impregnar huellas en el camino estrecho de tu cuerpo,
deja que sea yo quien ahora amarre tu vida y te la regale, como presente de amor sincero.
Y que tu corazón ahora sediento, beba de otras fuentes, de otros recuerdos,
que mi manos ya no pueden calmar tu agotado sufrimiento, que mis manos ya no pueden ser bastón para el peregrino viejo.
Te regalo mis alas, mi vida, mi recuerdo, te regalo la paz del alma, y un sinfín de versos.