
La fuerza de la costumbre es lo que me hace levantarme cada mañana y buscarte en tu lado de la cama esperando encontrar tu cuerpo a mi lado.
La fuerza de la costumbre es lo que me impulsa a encontrarte en cada rincón de la casa, desayunando en la cocina tomando un "cola-cao" o quizás tumbado en el sofá ... en tu rinconcito del salón.
La fuerza de la costumbre es lo que me hace susurrar cada noche, antes de dejarme llevar por el sueño un "te quiero amor mio", con la simple esperanza de que dónde quiera que te encuentres sepas que pienso en ti cada día y que mi amor no se ha marchado con el viento.
La fuerza de la costumbre es lo que me hace reivindicar nuestro amor y nuestro compromiso en cada gesto del día, en la oscuridad de cada noche y en el frío invierno en el que vivo inmersa desde el día en que te marchaste.
La fuerza de la costumbre es lo que me hace seguir haciendo las mismas cosas, tal vez con el ansiado deseo de que todo vuelva a su punto de partida.
La fuerza de la costumbre es lo que tira de mi cuerpo y de mi alma, para seguir respirando aún cuando mi cabeza me dice "deja de hacerlo, no insistas más".
La fuerza de la costumbre es lo que me invita a reír de nuevo, pensando que cuanto más alto sonría tu me escucharás desde tu descanso eterno.
La fuerza de la costumbre es lo que hace que gire mi cara cuando camino por la playa, mirando a cada poco las huellas que aparecen en la arena, con la creencia de que esta vez también las tuyas aparecerán junto a las mías.
Y sabes? aún cuando me muevo y vivo y respiro por la fuerza de la costumbre... no me acostumbro a vivir sin ti.

