lunes, 3 de noviembre de 2008

LA FUERZA DE LA COSTUMBRE


La fuerza de la costumbre es lo que me hace levantarme cada mañana y buscarte en tu lado de la cama esperando encontrar tu cuerpo a mi lado.

La fuerza de la costumbre es lo que me impulsa a encontrarte en cada rincón de la casa, desayunando en la cocina tomando un "cola-cao" o quizás tumbado en el sofá ... en tu rinconcito del salón.

La fuerza de la costumbre es lo que me hace susurrar cada noche, antes de dejarme llevar por el sueño un "te quiero amor mio", con la simple esperanza de que dónde quiera que te encuentres sepas que pienso en ti cada día y que mi amor no se ha marchado con el viento.

La fuerza de la costumbre es lo que me hace reivindicar nuestro amor y nuestro compromiso en cada gesto del día, en la oscuridad de cada noche y en el frío invierno en el que vivo inmersa desde el día en que te marchaste.

La fuerza de la costumbre es lo que me hace seguir haciendo las mismas cosas, tal vez con el ansiado deseo de que todo vuelva a su punto de partida.

La fuerza de la costumbre es lo que tira de mi cuerpo y de mi alma, para seguir respirando aún cuando mi cabeza me dice "deja de hacerlo, no insistas más".

La fuerza de la costumbre es lo que me invita a reír de nuevo, pensando que cuanto más alto sonría tu me escucharás desde tu descanso eterno.

La fuerza de la costumbre es lo que hace que gire mi cara cuando camino por la playa, mirando a cada poco las huellas que aparecen en la arena, con la creencia de que esta vez también las tuyas aparecerán junto a las mías.

Y sabes? aún cuando me muevo y vivo y respiro por la fuerza de la costumbre... no me acostumbro a vivir sin ti.

domingo, 2 de noviembre de 2008

EL VUELO DE LOS CISNES

Paseo de madrugada por los caminos que un día mi espíritu recorrió casi a ciegas. Segura de haber visto este paisaje hace tiempo, quizás en otra vida, descalzo mis pies y camino despacio, sintiendo la almohada de musgo que alfombra todo a mi paso. Respiro el aire cargado de perfumes de eucalipto mientras el viento mece mi pelo a su antojo.

Te busco en la espesura del bosque, porque sé que no te has ido. La última vez que te vi, fue en aquel sitio. Vuelvo a tu encuentro, sabiendo que estarás esperándome. No te irías sin mi, es un pacto no escrito que los dos hemos firmado. Aparto de mi las ramas que encuentro en el camino, me rozan la cara. Siento la humedad entre mis dedos y mi piel se eriza a cada paso.

Estás cerca... te siento. Oigo tu respiración en la inmensidad de aquel sitio. Siento tu fuerza que me llama, y yo acelero mis pasos. Por fin te veo, sentado entre dos árboles centenarios, me recibes con una sonrisa en los labios y una palabra muda que no llego a entender. Bailo contigo, moviendo mis brazos, siguiendo tu ritmo y mis manos se convierten en caracolas. Ascendemos a las copas de los árboles y observamos el vuelo de los cisnes blancos.

Me hablas de la vida, del amor y de la muerte con tanta naturalidad... porque así de natural es todo en el universo. Me hablas de la ley de la simplicidad, como la ley más arraigada en los diferentes mundos. Todo es inmensamente simple, pero nosotros nos empeñamos en complicarlo todo. Me hablas del amor, como la máxima expresión de la vida... la fuerza que nos mueve y que mueve el mundo. De dar y recibir, de la irracionalidad del hombre y de que todo en esta vida termina pasando factura.

Y me hablas de aprender y de evolucionar, del instinto del hombre y de que su fortaleza está en el poder de la expresión y sus actitudes ante la vida. Y me hablas de la muerte, como el último paso hacia el otro lado de la vida, donde nos esperan aquellas almas con las que estamos unidas para la eternidad. Yo me apoyo en tu brazo mientras miro al cielo. Te escucho durante horas y para mi apenas han pasado unos minutos. Quisiera quedarme contigo más tiempo ... pero tienes que marcharte de nuevo para enseñar a volar a los cisnes. Te despides de mi, sólo con un gesto y me dejas la promesa de un nuevo encuentro. "Búscame entre los árboles del camino... ya sabes donde encontrarme"... regreso sobre mis pasos, el alba ha tocado a mi puerta y yo desciendo despacio sobre mi cama, aún con tu voz resonando en el silencio.