"Si la libertad es la capacidad de elegir sin ninguna presión, pienso que su momento más trascendente, por sublime y comprometido, es cuando, sin que nada nos obligue, tomamos la decisión de a quién amar.
El amor lo inhalamos por creencia generosa y lo exhalamos porque, además de seducirnos, nos gratifica y corresponde. Es un dar-recibir a veces intenso, a veces calmado, pero que jamás puede ser inerte, porque el amor siempre despide un calor invisible que, por tenue que sea, está allí y siempre se puede avivar. Sin correspondencia, cuando en una de las partes hay frialdad permanente, llegan las cenizas, el fin del amor.
Pero el amor construido en la libertad es un hecho reciente, con muy poco recorrido histórico.
Todos, sin excepción, somos los últimos parientes conocidos de unas generaciones que vivieron a golpe de amores impuestos. A nuestros antepasados se les impuso el amor a la patria, al rey, a Dios, a la familia, al señor, al patrón, al consorte. Para quienes salían revoltosos, es decir, aquellos que querían elegir en libertad sin aceptar los amores oficiales de su época, el surtido de maldades y castigos que les esperaba era de apaga y vámonos.
Hoy y en nuestra sociedad, el amor perdura desde la libertad y desde el dar-recibir. El ordeno y mando sin justificar y otras amenazas acaban en divorcio. Y cuando se trata de amores ideológicos, en la deserción o en el cambio de voto."
Ángela Becerra,"Diario ADN" (20-04-2006)
El amor lo inhalamos por creencia generosa y lo exhalamos porque, además de seducirnos, nos gratifica y corresponde. Es un dar-recibir a veces intenso, a veces calmado, pero que jamás puede ser inerte, porque el amor siempre despide un calor invisible que, por tenue que sea, está allí y siempre se puede avivar. Sin correspondencia, cuando en una de las partes hay frialdad permanente, llegan las cenizas, el fin del amor.
Pero el amor construido en la libertad es un hecho reciente, con muy poco recorrido histórico.
Todos, sin excepción, somos los últimos parientes conocidos de unas generaciones que vivieron a golpe de amores impuestos. A nuestros antepasados se les impuso el amor a la patria, al rey, a Dios, a la familia, al señor, al patrón, al consorte. Para quienes salían revoltosos, es decir, aquellos que querían elegir en libertad sin aceptar los amores oficiales de su época, el surtido de maldades y castigos que les esperaba era de apaga y vámonos.
Hoy y en nuestra sociedad, el amor perdura desde la libertad y desde el dar-recibir. El ordeno y mando sin justificar y otras amenazas acaban en divorcio. Y cuando se trata de amores ideológicos, en la deserción o en el cambio de voto."
Ángela Becerra,"Diario ADN" (20-04-2006)
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